Emisoras online o cómo descubrí a Carmen McRae
Aún recuerdo las tardes que pasábamos en la sección de discos de algún gran supermercado escuchando música. Cada uno enganchado a sus cascos, moviéndose con un ritmo que nadie más oía, incluso tatareando. El encargado nos solía mirar con horror, apenas comprábamos nada, no nos lo podíamos permitir, ni siquiera juntando la calderilla que lleváramos entre todos. Era la única manera de escuchar música nueva y ¡había tanto que escuchar!
Nada que ver con la ingente oferta de música disponible hoy en día a través de internet. Las emisoras online tipo spotify, rockola.fm o last.fm permiten acceder, sin tener que salir de casa y sin gastar un duro a priori, a todo tipo de música. Se puede buscar por título, autor, discográfica, estilo o, incluso, según nuestro estado de ánimo. Desde las últimas novedades a la música clásica, del cante jondo a los payasos de la tele. Es tan fácil, que podemos escuchar la canción que suena en la radio del protagonista de una novela. O recuperar un recuerdo, cualquier momento ligado a una melodía. Pero sobre todo nos permite descubrir piezas que de otro modo jamás hubiéramos oído.
Así descubrí el otro día la versión de Take Five cantado por Carmen McRae. Pasé toda la tarde escuchando jazz, soul y blues. Con la misma emoción que antaño, iba escuchando canción tras canción. Algunas las reconocía de alguna película o incluso de anuncios, otras eran totalmente nuevas. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien escuchando música. Pero Take Five realmente me impresionó, quizás fuera el momento o mi estado de ánimo, pero el caso es que no puedo parar de escucharla una y otra vez. Les he hecho escucharla a todos los que me rodean, que me comentan que sí, que muy bonita, pero en su cara veo que no entienden tanta excitación. Pero yo, erre que erre, sigo empeñada en que la escuchéis todos. Así que aquí la tenéis.
Imagen Fetiche
En El cuarto de atrás, Carmen Martín Gaite recrea la imagen, símbolo de una modernidad envidiable e inalcanzable, de una mujer de mirada soñadora, largas piernas y peinado a lo garçon que, tumbada en un diván, habla por teléfono mientras sostiene, quizás, un cigarrillo turco. Es una descripción extraordinaria de lo poderosa que puede ser una escena a la hora de evocar sueños y deseos.
Hay quien se ve en una bucólica casa de campo rodeada de animales o en la fiesta más fashion rodeada de lujo, fama y glamour. Mi imagen fetiche ha sido siempre una habitación llena de libros, con un cómodo sillón de lectura y un escritorio. En este escenario básico ha sufrido miles de transformaciones a lo largo de los años. La habitación ha sido redecorada cientos de veces. Pequeños detalles han sido añadidos y suprimidos según el momento. Un vaso de whisky, lluvia tras los cristales, un globo terráqueo, el crepitar del fuego en la chimenea, un microscopio y un telescopio, una calavera a lo Hamlet… Uno tras otro infinidad de objetos se han ido acumulando en su espacio infinito.
La escena real es mucho más pobre y menos idílica. Un ordenador sobre un tablero de DM en un rincón del salón, de un apartamento demasiado pequeño. Pero es desde aquí desde donde saldrá este blog, así que este será a partir de ahora mi cuarto mágico. Una ventana al ciberespacio por la que asomarme.

Traducciones inglés – español
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