Imagen Fetiche
En El cuarto de atrás, Carmen Martín Gaite recrea la imagen, símbolo de una modernidad envidiable e inalcanzable, de una mujer de mirada soñadora, largas piernas y peinado a lo garçon que, tumbada en un diván, habla por teléfono mientras sostiene, quizás, un cigarrillo turco. Es una descripción extraordinaria de lo poderosa que puede ser una escena a la hora de evocar sueños y deseos.
Hay quien se ve en una bucólica casa de campo rodeada de animales o en la fiesta más fashion rodeada de lujo, fama y glamour. Mi imagen fetiche ha sido siempre una habitación llena de libros, con un cómodo sillón de lectura y un escritorio. En este escenario básico ha sufrido miles de transformaciones a lo largo de los años. La habitación ha sido redecorada cientos de veces. Pequeños detalles han sido añadidos y suprimidos según el momento. Un vaso de whisky, lluvia tras los cristales, un globo terráqueo, el crepitar del fuego en la chimenea, un microscopio y un telescopio, una calavera a lo Hamlet… Uno tras otro infinidad de objetos se han ido acumulando en su espacio infinito.
La escena real es mucho más pobre y menos idílica. Un ordenador sobre un tablero de DM en un rincón del salón, de un apartamento demasiado pequeño. Pero es desde aquí desde donde saldrá este blog, así que este será a partir de ahora mi cuarto mágico. Una ventana al ciberespacio por la que asomarme.
